WHATSAPPEA2 (II)

La semana pasada dijimos que próximamente seguiríamos hablando del WhatsApp y, al contrario que los programas electorales de los políticos, lo que decimos lo cumplimos.

Así que hoy queríamos hablaros de uno de los métodos de tortura moderna. ¿Escuchar a Rajoy decir “San Sebastián de los Reyes” a dos centímetros de tu cara? No, más que nada porque eso no sería una tortura, eso sería una mañana en el Aquapark. Nos referimos a: LOS GRUPOS DE WHATSAPP.

Cinco, diez o treinta personas escribiendo mensajes sin parar se convierte en una conversación que no se acaba nunca: es como hablar con un argentino.

Una pesadilla. Dejas de mirar diez minutos el teléfono y, cuando lo vuelves a mirar, tienes 387 mensajes. Y dices: “Ostras, habrá pasado algo grave”. Y, cuando lo abres, lees el último que pone: “¿Cómo se dice perro en inglés? Dog. ¿Y veterinario? Dogtor”. Y entonces la gente ya se empieza a venir arriba: “Pues yo voy a escribir algo profundo… subsuelo”. Yo apago el móvil, pero al rato veo que tengo otros 200 mensajes y parece que todos están comentando algo. Lo busco y resulta ser que todos están comentando la frase: “Estoy dudando entre elegir esgrima y albañilería… estoy entre la espada y la pared”. Mira, a mí esta tontería no me interesa. Yo me salgo del grupo.

Mal. El peor error que puedes cometer es abandonar el grupo porque la gente lo primero que piensa es: “¿Y este gilipollas por qué abandona el grupo: le caemos mal?” Y, tras días de discusión con todos tus amigos uno por uno, no les puedes hacer entender que abandonaste el grupo porque el grupo se llamaba “Cena Viernes” y ya estábamos a miércoles de la semana siguiente… que no pasa tantos días cenando ni el Mono Burgos.

Pero eso al grupo le da igual porque hay una ley no escrita que dice que quien abandona el grupo es un objetivo fácil para que los demás le pongan verde. Eso es como en una reunión de amigas en la que hay dos íntimas que le están contando a una tercera: “Pues Maribel y yo somos súper amigas, pero desde el colegio y anda que no hemos hecho cosas la una por la otra. Jó, Maribel hasta me dio un riñón porque era compatible con el mío, ¿verdad Mari?” Y dice Maribel: “Sí, es que fíjate si estamos unidas que hasta somos del mismo grupo sanguíneo, por suerte el riñón no le causó ningún rechazo… Uy, voy un momento al baño que me estoy haciendo pis”. Pues Maribel se levanta y en cinco, cuatro, tres, dos, uno… “¿Maribel tiene los tobillos gordos, no? Menos mal que me dio un riñón y no una pierna porque vaya patas de gorrino tiene. Porque la pobre no es que tenga piel de naranja, tiene el naranjo entero”. Pues, más o menos, eso es abandonar un grupo de WhatsApp.

Pero lo cierto es que este tema tiene mucho interés social y es como la faja de Raquel Mosquera: da mucho de sí. Así que, próximamente en los grupos de WhatsApp: gente a la que incluyen en un grupo para organizar la fiesta sorpresa de su propio cumpleaños y gente que no puede dormir porque toda la noche le está vibrando el móvil con mensajes del grupo porque no es capaz de abandonarlo.

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